El diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista (TEA) se realiza mediante una evaluación integral y especializada que incluye entrevistas clínicas, historia del desarrollo, observación estructurada de la conducta y la aplicación de instrumentos estandarizados para valorar la comunicación, la interacción social y los patrones de comportamiento. Este proceso permite identificar el nivel de apoyo requerido y posibles condiciones asociadas. La intervención se basa en un enfoque temprano, individualizado y multidisciplinario, que puede incluir terapia conductual, intervención en habilidades sociales, terapia del lenguaje, integración sensorial, estimulación cognitiva y orientación a la familia. El objetivo principal es fortalecer la comunicación, la regulación emocional, la autonomía y la adaptación social, favoreciendo una mejor calidad de vida y participación funcional en los distintos entornos del paciente.